Lecturas

lunes, 25 de mayo de 2020

Desescalada o descalabro tras la pandemia

 Foto cedida por T. Salas
El inicio de la crisis provocó una parálisis mental inicial de la que aún no nos hemos recuperado y de la que nos quedará secuelas. Nos dio de lleno en las narices y aunque se percibía en el ambiente no se tuvo conciencia clara de su magnitud y gravedad. De la parálisis mental pasamos a la parálisis física, tras la cual observamos cómo nuestros marcos de referencias más básicos  y nuestros mecanismos de supervivencia se paralizaban, y empezamos a construir una imagen casi estática de una realidad salida de contexto. Palabras como incertidumbre, desesperanza o angustia emergían con fuerza.

Pero, el miedo a una realidad cambiante no se ha sentido por igual en el comjunto de la ciudadanía. En esta realidad distópica quienes peor lo están pasando son las personas más vulnerables, aquellas que siempre han contado con menos recursos y posibilidades, a las que la sociedad les ha ido negado una y otra vez una oportunidad. Son personas, familias y grupos que durante años han estado viviendo en el filo de la pobreza y la marginación. Una parte de la sociedad se queda al margen, ya paso con la crisis económica y vuelve a pasar con la actual crisis sanitaria. Las esperanzas no son iguales para todos.

Hablamos de crisis sanitaria y de nueva crisis económica pero poco de la crisis social que  crece día a día en pueblos y ciudades, que se tamiza en largas colas a las puertas de entidades voluntarias para recibir una bolsa de alimentos, donde los servicios sociales (municipales) se hacen invisibles. Aunque, el actual gobierno a diferencia de otros en el pasado reciente sí ha puesto en su agenda la crisis social de las personas. Esperemos que no dejen en la cuneta a miles de personas.

Desde la visión del trabajo social y de los servicios sociales, la perplejidad fue mayúsculas el día que cerraron los centros y las personas profesionales se tuvieron que marchar de forma inmediata a sus casas. Con desazón de no saber a qué se enfrentaban. Demasiado complicada era la realidad social que nos dejó la crisis económica anterior, a la que se enfrentaban en el día a día con una importante escasez de recursos. Sólo pensar en el cierre de los centros y la consiguiente desatención de personas en situación límite dejaba un vacío difícil de entender, solo mitigado por la idea de salvar vidas, entre las que se encontraban personas profesionales con las que se comparten tareas y espacios laborales que por diferentes causas se convirtieron también en población de riesgo por el virus.

Pero la realidad se imponía, las necesidades de la población se incrementaban por el confinamiento y la paralización generalizada de la actividad económica. La “olla a presión” empezaba a coger temperatura y en cualquier momento podía estallar. Se imponía una toma de decisiones difíciles y adoptar medidas urgentes que hicieran posible la atención social dentro de unos parámetros para lo que no se estaba preparado en servicios sociales. Con una respuesta inicial débil, insegura y con muchas lagunas. La tecnología que ocupaba un papel importante ahora se hacía imprescindible para poder llevar la intervención, aunque desde una dimensión diferente y que muchas personas profesionales ni siquiera habían imaginado pocas semanas atrás. 

Durante el confinamiento se abrió camino el teletrabajo, al que se conocía de oídas, pero con el que no se tenía experiencias previas, y día tras día la realidad se imponía a golpes bruscos de timón. ¿Cómo dejar una práctica basada en las relaciones personales y la cercanía física, por otra desde la distancia? A veces insalvable por medios técnicos y en tan corto espacio de tiempo.

En el proceso de adaptación urgente, se encontraron dificultades para contactar la persona usuaria con la persona profesional y viceversa, accesos remotos telemáticos de cierta complejidad, la falta de equipos, el exceso de horas de trabajo camufladas por la vida familiar, la soledad profesional, la falta de espacios para la desconexión y el descanso mental ante los casos sociales tan dramáticos que se enfrentan unió al propio confinamiento de la profesional. Y por encima de todo el intentar ayudar a las personas.

El aumento desmesurado de las demandas para la cobertura de las necesidades más básicas como la alimentación junto a la necesidad de una intervención telemática ha producido cambios demasiados acelerados y ha supuesto para la persona profesional un esfuerzo enorme, gran desgaste emocional y la aparición de estados de ansiedad durante todo el Estado de Alarma, que debe ser analizado con detenimiento y pensando de que no se estaba preparado para este cambio tan inesperado e incierto, pero que a pesar de todo la atención social se retomo con aciertos y errores.

Todo lo anterior, me lleva a pensar, que en cierta medida se ha producido cierto “descalabro” profesional en una desaceleración social sin precedentes, donde la intervención profesional se hace aún más necesaria que antes y debe buscar fórmulas nuevas para superar los nuevos retos que se avecinan en el futuro.

sábado, 11 de abril de 2020

DUDAS FRENTE A LA NORMALIDAD

Hace varias semanas que permanecemos en nuestros domicilios confinados, una experiencia inédita para la gran mayoría de la ciudadanía. En estos últimos días los cuerpos y mentes se resienten y flaquean, pero cada día a las ocho en punto de la tarde salimos a nuestros balcones, aplaudimos y cantamos “resistiré” para dar ánimos a muchas personas que con su trabajo hacen posible la resistencia, pero también salimos para darnos ánimos a nosotros mismo, para no flaquear y seguir adelante. 

La unidad colectiva y la responsabilidad personal son necesarias frente a la crisis, a pesar de comportamientos incívicos de algunos conciudadanos.

Al comienzo de la crisis supermercados y tiendas de barrio notaron la escasez de papel higiénico, pasaron los días y empezó a escasear la lejía y desde hace unos días escasean las harinas de repostería. En pocas semanas hemos pasado del cuidado corporal y del hogar al cuidado de nuestras mentes creando suculentos platos y postres que hacen gala de originalidad y creatividad y que agradecen tanto la vista como nuestros estómagos. La necesidad de estar activo mental y físicamente se impone. 

Hemos recurrido al ejercicio físico de salón, a las series, las películas, la música más variada, a los libros… pero dentro de nosotros algo inquieta y nos da miedo, nos descoloca el significado que cobra el concepto tiempo. Han sido nuestros hábitos y costumbres los que nos han ayudado a marcar ritmos y permitir la cordura, y sorprendentemente lo telemático ha hecho posible el contacto a distancia con familiares, amigos, colegas… permitiendo en muchas ocasiones la ayuda mutua y en muchos casos seguir trabajando y aportando en estos días difíciles.

Sin embargo, el ánimo personal se resiente ante la falta de normalidad en el día a día, incluso aquellas personas que seguimos trabajando ya sea presencial o telemáticamente sentimos esa falta o pérdida de normalidad tanto en casa como en el trabajo.

Está perdida de normalidad es la que nos enfrentará a cambios tanto a nivel individual, grupal como comunitario en el futuro. Pero, la cuestión está en saber si esos cambios que están por llegar van a permitir una mayor empatía entre las personas y una mejora en las relaciones personales, sociales, laborales... o por el contrario las empeoraran. Por tanto, no es de extrañar la inquietud que tenemos ante una futura normalidad incierta.

viernes, 27 de marzo de 2020

Servicios Sociales Esenciales

El gobierno ha decretado que los trabajadores y trabajadoras de los servicios sociales son esenciales frente a la crisis sanitaria que padecemos. Para quien lo desconozca, el Sistema Público de Servicios Sociales se organiza, al igual que el sistema público de salud, en dos niveles de atención, un primer nivel llamado comunitario y considerado la puerta de entrada al sistema (competencia de las administraciones locales) y un segundo nivel denominado especializados (competencia de las Comunidades Autónomas).

En 2018 publique en la revista TSDifusión nº128 un artículo, con el título Los Servicios Sociales Comunitarios en la Encrucijada, en él expresaba mi estado de vértigo debido a la aprobación de la nueva ley de Servicios Sociales de Andalucía de 2016, después de más de treinta años de su antecesora de 1988, primera ley de servicios sociales que se aprueba en España coincidiendo con la salida de la crisis de 2008. Una crisis económica que produjo una crisis política y de valores importante, pero que derivó en una crisis social que se cebo con los sectores de población más débiles y vulnerables, entre ellos los menores, las personas mayores, las mujeres o los inmigrantes. A estos sectores de población sólo les quedó los servicios sociales como último recurso. Pero se encontraron unos servicios sociales debilitados tras los brutales recortes sufridos durante la crisis, y que debido a esos recortes en estos momentos se encuentran en una situación de debilidad para afrontar la nueva crisis que se avecina tras la crisis sanitaria.

El Estado de Bienestar se ha de sustentar en cuatro pilares básicos que son la sanidad, la educación, la garantía de ingresos y los servicios sociales, pero tienen que ser pilares de responsabilidad pública. Estos cuatro pilares son los que más han sufrido los recortes presupuestarios por la idea de la contención del gasto público, disminuyendo su capacidad en la atención a las necesidades de la ciudadanía, con el consiguiente impulso de lo privado por aquello de su mayor eficiencia económica, eficiencia que se ha demostrado falsa.

La pandemia del coronavirus nos esta permitiendo ver la situación tan deficitaria que arrastran los servicios públicos del bienestar, y que hoy empezamos a comprender, por fin, que son esenciales para el conjunto de la ciudadanía sin ningún tipo de exclusión.

El Sistema Público de Servicios Sociales es el más joven de los cuatros que sustentan el Estado de Bienestar, ni  la Constitución los contempla, salvó al mencionar a la tercera edad y lo hace en un sentido amplio. Hoy nos acordamos de las residencias, de la dependencia y la atención domiciliaria, también de las personas sin hogar y de los menores que no tiene cubiertas sus necesidades alimentarias, de la violencia de género en periodo de cuarentena… pero los continuos recortes en  en recursos humanos, materiales, técnicos y financieros unido a la falta de una ley marcó que establezca  unos mínimos de atención en todo el estado, están asfixiando al sistema y lo están llevando hacia intervenciones de tipo caritativas-benéfico-asistenciales de carácter puntual, olvidando a las personas y sus derechos e imposibilitando una adecuada atención a sus necesidades sociales. Y ante la crisis provocada por el coronavirus esta colapsando muchos de los servicios básicos del sistema de servicios sociales. 

Por tanto, es necesario y de interés general, acometer políticas que apuesten de verdad por unos servicios públicos de calidad, de entre los cuáles se encuentran los servicios sociales.

Pd. además, es necesario y urgente la implantación de una renta social de ámbito nacional que sustituya las distintas rentas mínimas existentes en las comunidades autónomas, que sirva de barrera para hacer frente a la crisis social que se vislumbra tras la pandemia sanitaria.

viernes, 13 de marzo de 2020


La epidemia-pandemia del coronavirus ha puesto en evidencia que el individualismo promovido por un capitalismo salvaje no es buen compañero de viaje para la sociedad en su conjunto, al igual ,lo es para un reducido grupo de pudientes en busca de enriquecimiento. En nuestro país, la pandemia pone sobre la mesa la necesidad imperiosa de disponer de un sistema público de salud fuerte que puede hacer frente a esta crisis y otras que puedan venir en el futuro. Sin embargo, en estos últimos años, bajo la recesión y el temor al gasto excesivo, los gobiernos han ido recortando día tras día recursos (humanos, materiales, financieros...) en los sistemas públicos de salud, educación y servicios sociales, pilares básicos de nuestro Estado de Bienestar.  

Como es posible, que hoy algunos hablen de robusted de nuestro sistema público de salud a pesar de los brutales recortes sufridos. Cuando hablan de robusted no parece que incluyan a las compañías privadas de salud que han proliferado como “campos de champiñones” en detrimento de lo público y que hoy da la espalda a la epidemia/pandemia. Los medios de comunicación deberían hablar en estos días y en los venideros de la necesidad imperiosa de contar con sistemas públicos fuertes que sustenten nuestro Estado de Bienestar, para ello sería necesario dotarlos de recursos suficientes, adecuados y de manera permanente para que puedan protegernos ante cualquier adversidades que se pueda en el futuro. La pandemia confirma que lo privado no nos protege ante la adversidad de un pueblo.

El neoliberalismo nos conduce a una sociedad más individual, más desigual e injusta, una sociedad en estado de riesgo permanente. Hoy me pregunto si en un futuro no muy lejano seguiremos en esta dirección delirante o rectificaremos como pueblo tomando el camino de una sociedad más solidaria, más igualitaria y más justa que la que estamos construyendo. 

domingo, 1 de marzo de 2020

Contra el Capitalismo Salvaje de Bernie Sanders

Berni Sander es uno de los candidatos del Partido Demócrata  a la presidencia de los EEUU. Son numerosos sus detractores tanto de su propio partido como del Partido Republicano que le consideran un extremista de izquierdas por sus propuestas. Sin embargo, en las últimas semanas está movilizando a una parte muy importante del electorado americano, y se empieza a hablar de un emergente movimiento social.

El libro describe de manera sencilla su pensamiento y sus propuestas de gobierno para la mejora de las condiciones de vida del pueblo americano. Nada extremista en su pensamiento, más bien un socialdemócrata que podría llegar a ser un excelente presidente para el pueblo americano, no para los grupos de poder capitalistas.

Un libro recomendable y de fácil lectura para comprender un poco más la realidad del pueblo americano.

Reseña del libro: Silencio administrativo de Sara Mesa

La autora (Sara Mesa) se adentra en los laberintos administrativos del Sistema Público de Servicios Sociales de Andalucía. Para ello ayudará a una mujer (persona sin hogar) en los trámites para obtener la prestación de  Renta Mínima de Inserción Social de Andalucía (REMISA). Prestación económica garantizada que desde enero de 2018 sustituye  al  Programa de Solidaridad de los Andaluces para la erradicación de la marginación y la desigualdad en Andalucía aprobado en 1999 (conocido como Salario Social).


El libro describe, de forma clara y concisa, el procedimiento y sus innumerables obstáculos en la tramitación de la prestación para una persona sin hogar. Es un libro muy recomendable para los profesionales que trabajan en el Sistema Público de Servicios Sociales, pues nos presenta la renta mínima desde una visión externa al propio sistema, además de estar redacta de forma brillante.

En cuanto, a los “peros” de la obra. Lo primero que me rechina es como encuentra a la persona y decide acompañarla (“tirada” en la calle en los prolegómenos de las navidades, solidaridad y al apoyo del desvalido en fechas tan señaladas). Lo segundo, la crítica demoledora a profesionales y centros (demasiado concretos), como sabemos desde el inicio de la crisis en 2008 el Sistema Público de Servicios Sociales se ha deteriorado hasta proporciones dramáticas, tras recortes presupuestarios continuos. Que entre otras consecuencias tenemos la sobrecarga en las y los profesionales por las escasas plantillas existentes en el sistema y por su continua reducción sin visos de solución. Me hubiese gustado percibir más la reivindicación de unos servicios públicos y de las personas que trabajan en él.

Recomiendo su lectura para la reflexión y el debate.

domingo, 16 de febrero de 2020

REDES

He de reconocer que mi relación con las redes sociales ha ido empeorando con el tiempo, llegué a un punto de casi abandono. De las diferentes plataformas en las que estaba Facebook, Twitter, Blogger … salvo WhatsApp que la seguí utilizando con las personas más cercanas. Quizás la posible utilización de mis datos por las empresas que gobiernan internet, unido a una percepción de cierta superficialidad y poca solidez en innumerables de los contactos diarios y a que en muchas ocasiones ni si quiera se daban en tiempo real, provocaron en mi cierto hastío.

En cuanto, a mi relación con el mundo del blog comenzó en 2008, llegué a tener activos tres, y como profesor, en algunas de mis asignaturas utilizaba el blog como herramienta de trabajo para el desarrollo de contenidos y el trabajo semanal con los alumnos y las alumnas. En agosto de 2014 publico la última entrada, y casi les di la espalda.  Entre las razones, la primera es comprobar la poca repercusión de lo que escribía o quizás no sabía difundirlo convenientemente, también las dificultades que implican mantener en activo un blog, lo que significa publicar cada cierto tiempo, como mínimo cada quince días o un mes. Y a estas dos cuestiones tendría que añadir las dificultades que implican ajustarte a los formatos y las condiciones que establecen   distintas plataformas para poder crear y desarrollar el blog que a veces complican más que facilitan.

El reencuentro con las redes se produjo recientemente con Twitter. Hace poco he vuelto a retomar mis blogs con la inquietud de seguir dando la opinión sobre temas que me interesan en el día a día sobre Trabajo Social, participación, servicios sociales, política social... e intercambiar opiniones sobre estos en la red. 

Pendientes quedan otras redes como Facebook y que aún no se como iré retomando.



domingo, 24 de agosto de 2014

VALORACIÓN CIUDADANA DE LOS SERVICIOS SOCIALES MUNICIPALES


Hoy 23 de Agosto publica el diario El País el artículo Los pilares de la sociedad aguantan escrito por José Juan Toharia. En la que plantea que la sociedad española sigue aguantando una crisis sin signos de querer amainar con un generalizado empobrecimiento, creciente desigualdad, profundo desgaste institucional… Daños, todos ellos, que la ciudadanía considera de difícil y, en todo caso, lenta reparación. Comenta que si el país resiste es por el hacer de muchas de las instituciones que lo vertebran.

Según los datos que aporta en la cima del aprecio popular permanecen entre otras lo que llama las obras sociales, entre otras: Cáritas, los servicios asistenciales municipales, los movimientos sociales y las ONG, instituciones con un claro perfil altruista/protector/asistencial. Los servicios sociales de los municipios ocupan la posición 11 de un total de 34  instituciones evaluadas.

A tenor de los datos expuesto en los dos párrafos anteriores resulta difícil entender como la reciente Ley 27/2013, de 27 de diciembre, de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local, que entro en vigor el pasado 31 de diciembre elimina las competencias  servicios sociales  a los municipios, dando hasta diciembre de 2015 para que las corporaciones locales vayan cerrando dichas competencias que la nueva ley  considera no propias.

Si el desarrollo de la ley de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local sigue adelante y se realizará la misma evaluación ciudadana en el año 2017 probablemente la ciudadanía no apreciará de igual modo los servicios sociales de los municipios, y pasará lo que está pasando con la sanidad pública que ya empieza a ser menos valorada por la ciudadanía.

domingo, 12 de febrero de 2012

Voluntario que no obligación

A propuestas de alguna Comunidad Autónoma -http://www.publico.es/espana/419031/no-somos-mano-de-obra-barata - y de algún municipio, aparecidas en los medios de comunicación, sobre lo conveniente de impulsar acciones públicas que hagan posible la colaboración social ciudadana (voluntariado en cubierto) en la realización de tareas que deberían realizar los trabajadores de las propias administraciones, incluso se ha llegado ha plantear un tipo de servicio social obligatorio para personas en paro, a cambio de prestaciones y servicios públicos. El colectivo de Trabajadores y Trabajadoras Sociales deben cuestionarlas y criticarlas pues una cosa es ser voluntario o voluntaria y otra bien distinta realizar tareas que en principio deben ser remuneradas y de obligado cumplimiento por las administraciones públicas. Reflexionen las consecuencias de estas medidas.

SERVICIOS SOCIALES O ASISTENCIALISMO

  Los profesionales que intervenimos en el campo de los servicios sociales desde hace años, deberíamos tener claro que estos no van a sacar ...